Mostrando entradas con la etiqueta orgasmos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta orgasmos. Mostrar todas las entradas

viernes

Vecinas lesbianas follan con deseo intendo


La tarde caía sobre el edificio de apartamentos como un velo de seda cálida, tiñendo de ámbar las cortinas entreabiertas del salón de Laura. El aire acondicionado zumbaba suavemente, pero no lograba disipar el calor que se había instalado entre sus muslos desde que vio a Sofía regresar de su carrera vespertina. Sofía, con su melena oscura recogida en una cola alta, la piel bronceada brillando por el sudor y esos shorts ajustados que marcaban cada curva de sus glúteos firmes. Habían sido vecinas durante casi un año, intercambiando sonrisas en el ascensor, cafés improvisados en el balcón compartido y miradas que ya no podían disimular el hambre.


Laura era una mujer de treinta y dos años, curvas generosas y cabello castaño que caía en ondas suaves sobre sus hombros. Trabajaba desde casa como editora, y sus dedos, habituados a teclear historias ajenas, anhelaban escribir la suya propia sobre la piel de Sofía. Esa tarde, cuando la oyó entrar en el piso contiguo, no lo pensó dos veces. Golpeó la puerta con el pretexto de pedir azúcar, pero ambas sabían que era una excusa tan frágil como el encaje de su tanga.


—Pasa —dijo Sofía con esa voz ronca que siempre le erizaba la nuca—. Estaba a punto de ducharme, pero... quédate.


El apartamento olía a vainilla y a ese perfume cítrico que Sofía usaba. Laura cerró la puerta tras de sí y, antes de que ninguna pronunciara otra palabra, sus cuerpos se encontraron en un choque de bocas ávidas. Los labios de Sofía eran suaves, calientes, y su lengua se deslizó con una urgencia que hizo gemir a Laura contra su boca. Manos exploradoras bajaron por espaldas, apretaron nalgas, tiraron de camisetas hasta que la piel encontró piel.


—Te deseo desde hace meses —confesó Sofía entre besos, mordiendo suavemente el labio inferior de Laura—. Cada vez que te veo en el balcón con ese camisón corto... joder, me mojas entera.


Laura sonrió con picardía y deslizó una mano bajo los shorts de Sofía, encontrando la tela ya empapada de sus bragas. Sus dedos presionaron el monte hinchado, frotando en círculos lentos sobre el clítoris que palpitaba bajo la tela.


—Y yo fantaseo con tu boca entre mis piernas mientras trabajo —respondió, introduciendo un dedo bajo la braga y sintiendo la humedad caliente y resbaladiza que la recibió.


Se desnudaron con prisa febril, dejando un rastro de ropa por el pasillo hasta el dormitorio. Sofía empujó a Laura contra la cama y se colocó encima, sus pechos firmes presionando contra los de su vecina. Besó su cuello, lamió la curva de sus senos y succionó un pezón endurecido hasta que Laura arqueó la espalda, gimiendo con abandono. Bajó más, besando el vientre plano, separando los muslos suaves y hundiendo su rostro entre ellos.


—Dios... tu coño es precioso —susurró Sofía, inhalando el aroma almizclado de la excitación de Laura. Su lengua trazó líneas lentas desde el perineo hasta el clítoris hinchado, saboreando cada gota de néctar que brotaba. Laura enredó los dedos en el cabello de Sofía, empujándola más cerca mientras sus caderas se movían en círculos, follando esa boca experta.


—Chúpame más fuerte... así... ¡joder, sí! —jadeaba Laura, sintiendo cómo el placer se acumulaba en su vientre como una tormenta.


Sofía introdujo dos dedos en el interior caliente y apretado de Laura, curvándolos para rozar ese punto rugoso que la hacía gritar. La succionaba con ritmo perfecto, alternando lamidas rápidas y succiones profundas. Laura se corrió por primera vez con un grito ahogado, sus paredes vaginales contrayéndose alrededor de los dedos invasores, inundando la boca de Sofía con su orgasmo dulce y abundante.


Pero no era suficiente. El deseo era un incendio que solo se apagaría cuando sus sexos se encontraran directamente. Sofía se incorporó, los labios brillantes por los jugos de Laura, y la miró con ojos oscurecidos por la lujuria.


—Quiero frotar mi coño contra el tuyo —dijo con voz grave—. Quiero sentir cómo nos corremos juntas, empapadas.


Laura asintió, temblando de anticipación. Se colocaron en tijera, piernas entrelazadas, sus coños hinchados y resbaladizos presionándose uno contra el otro. El primer contacto fue eléctrico: labios mayores contra labios mayores, clítoris rozando clítoris en una fricción húmeda y caliente. Ambas gimieron al unísono, moviendo las caderas en un ritmo instintivo, lento al principio, saboreando la sensación resbaladiza de sus jugos mezclándose.


—Qué rico... tu coñito está tan mojado como el mío —murmuró Sofía, acelerando el movimiento. Sus vulvas se deslizaban con facilidad, el clítoris de una presionando y frotando el de la otra en un baile obsceno y delicioso. Laura agarraba las sábanas, sus pechos bamboleándose con cada embestida. El sonido era obsceno: el chapoteo húmedo de sus sexos, los gemidos entrecortados, el crujido de la cama.


—Más fuerte... frótame el clítoris con el tuyo —suplicó Laura, sintiendo cómo el placer subía en oleadas. Sofía obedeció, inclinándose ligeramente para aumentar la presión. Sus coños se aplastaban uno contra el otro, frotándose con frenesí. Los jugos fluían abundantemente, lubricando cada roce, haciendo que sus clítoris hinchados resbalaran y chocaran en un placer casi insoportable.


El sudor perlaba sus pieles. Los pezones erectos rozaban el aire con cada movimiento. Sofía extendió una mano y pellizcó el pezón de Laura, tirando de él mientras sus caderas giraban en círculos apretados, moliendo su sexo contra el de su amante.

—Estoy cerca... voy a correrme en tu coño —gruñó Sofía.—Yo también... no pares... ¡joder, Sofía!


Sus movimientos se volvieron erráticos, desesperados. Los coños frotándose con furia, clítoris hinchados palpitando al unísono, labios vaginales hinchados deslizándose y presionando. Laura sintió el orgasmo llegar como un tsunami: un calor abrasador que partió de su clítoris y explotó en todo su cuerpo. Gritó el nombre de Sofía mientras se corría con fuerza, sus jugos brotando y empapando el sexo de su vecina.


Sofía la siguió segundos después, arqueando la espalda, sus muslos temblando violentamente mientras su coño convulsionaba contra el de Laura. Un chorro caliente de su corrida se mezcló con el de su amante, creando un charco resbaladizo entre ellas. Ambas siguieron frotándose lentamente, prolongando el placer, ordeñando cada espasmo hasta que quedaron exhaustas, jadeantes, con los coños aún palpitando en contacto.


Se separaron solo para abrazarse, besándose con ternura ahora, saboreando el sabor de sus orgasmos en los labios de la otra. Sus cuerpos brillaban de sudor y fluidos. Laura acarició el cabello de Sofía, sonriendo con satisfacción.


—Esto no puede ser solo una vez —susurró.


—Será todas las que queramos —respondió Sofía, mordisqueando su cuello—. Vecinas con beneficios... y qué beneficios.


La noche se extendió con más exploraciones: lenguas que volvían a saborear, dedos que penetraban, y otra ronda de frotamiento salvaje donde sus coños se encontraron de nuevo, esta vez con Laura encima, cabalgando el sexo de Sofía como si montara una ola de puro placer. Sus gemidos llenaron el apartamento, eco de un deseo que había estado latente demasiado tiempo.


Cuando finalmente descansaron, entrelazadas y saciadas, el reloj marcaba las primeras horas de la madrugada. Habían follado con la intensidad de quienes saben que el fuego entre ellas apenas comenzaba.


Todos los derechos reservados
© briefsex.blogspot.com


Mi dios mitologico Min apaga mi fuego

Mi nombre es Marta y tengo 19 años. Mi cuerpo vibra de anticipación mientras observo a Alejandro, mi amante de 29 años, lo conocí en el metr...