Soy Patri, una chica de 24 años que vive la vida con la libertad que se merece acorde a los tiempos. Mi relación con él (mi pareja) es sólida, profunda, irremplazable; él es mi ancla, mi cómplice de risas y confidencias. Pero ambos sabemos que el deseo no se encierra en una sola persona. Las experiencias ajenas traen sabores nuevos, texturas distintas, ritmos que despiertan partes de mí que a veces duermen bajo la rutina. Esta noche, esa libertad me ha traído hasta aquí, a este apartamento con luces tenues y música suave que vibra en el aire como una promesa.
Él se llama Alex...
Lo conocí hace unas semanas en una fiesta y la química fue inmediata: miradas que se demoraban, roces casuales que no lo eran tanto. Ahora estamos solos. Me mira desde el sofá mientras me quito la chaqueta con lentitud deliberada, dejando que mis pechos se marquen bajo la blusa fina. Siento cómo sus ojos recorren mi cuerpo, deteniéndose en la curva de mis caderas, en la piel que asoma por el escote. Mi pulso se acelera. Sé que mi pareja sabe dónde estoy y que esto solo avivará nuestro fuego cuando vuelva a casa.
Me acerco a él...
Sus manos suben por mis muslos, levantando la falda con reverencia. —Eres preciosa —susurra, pero yo no quiero palabras ahora. Me inclino y lo beso con deseo y pasión, mordiendo suavemente su labio inferior mientras mi lengua busca la suya. Sabe a whisky y a deseo crudo. Mis dedos se enredan en su cabello, tirando un poco para inclinar su cabeza y profundizar el beso. Siento que mi coño ya se humedece, latiendo con anticipación.
Alex me levanta en brazos y me lleva hasta la cama. Me tumba con cuidado, pero sus gestos son firmes. Desabrocha mi blusa botón a botón, besando cada centímetro de piel que queda al descubierto. Cuando llega a mis pezones, ya duros y sensibles, los lame con la punta de la lengua en círculos lentos, mordisqueándolos levemente. Gimo, arqueándome hacia él. —Chúpame más fuerte —le pido en un susurro ronco. Obedece, succionando uno mientras pellizca el otro con los dedos. El placer es eléctrico, baja por mi vientre directo a mi clítoris que comienza a endurecerse.
Bajo la mano y palpo su erección a través del pantalón. Su polla está dura, gruesa, palpitando por mí. La libero con urgencia, envolviendo su polla caliente con la palma de mi mano. Es larga, de un tamaño que me excita, la cabeza esculpida por los dioses y brillante por el precum rezuma por la punta. La masturbo acariciándola de arriba abajo, girando la muñeca en la punta, disfrutando cómo gruñe contra mi pecho. Me encanta sentir ese poder, saber que lo estoy volviendo loco a un macho.
Se arrodilla entre mis piernas...
Me quita las bragas que ya las tengo empapadas. Abre mis muslos con las manos y se queda mirando mi coño depilado, rosado, reluciente de excitación. —Joder, Patri… —dice antes de hundir la cara. Su lengua recorre mi raja de abajo arriba, unos 15 centímetros, lamiendo mis labios y saboreando mis jugos. Cuando llega al clítoris lo rodea, lo succiona, lo lame con ritmo constante. Introduzco dos dedos en mi interior mientras él me devora, follándome con la boca. Mis caderas se mueven solas, frotándome contra su cara. Noto como el placer me invade, siento esa sensación que me hace vulnerable, me dejo llevar y quiero que me destroce, quiero ser suya y pensar en él. El orgasmo llega rápido, intenso, me hace gritar mientras mis paredes se contraen y un chorro caliente moja su barbilla.
No le doy tregua...
Lo empujo hacia atrás y me siento encima. Su polla queda a lo largo de mi raja entre mis labios húmedos y gruesos. Me froto contra ella, deslizándola por mi humedad, rozando mi clítoris con cada movimiento. Alex aprieta mis tetas, tirando de los pezones. Me inclino hacia delante y lo beso mientras juego con su polla contra mi coño, ese coño que descubrió el placer consentido cuando tenia 15 años. Levanto levemente mi pierna izquierda y rozo con la punta de su polla mi ano, me gusta, siento como dilata. Desciendo despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me abre, cómo me llena por completo. Gimo contra su boca cuando llega al fondo. Está tan profundo que duele de placer.
Empiezo a cabalgarlo. Primero lento, saboreando cada roce de su grosor contra mis paredes. Luego más rápido, apoyando las manos en su pecho. Mis tetas rebotan con cada movimiento. Él sube las caderas, follándome desde abajo, golpeando ese punto dentro de mí que me hace ver estrellas, ha encontrado el punto G. El sonido de su polla contra mi coño chocando llena la habitación, mi coño húmedo, obsceno, delicioso. Sudo, mi pelo se pega a la espalda. Él aprieta mis nalgas, separándolas, y un dedo travieso roza mi ano que lo esta esperando. Me estremezco de gusto, el placer me invade, me marea y anula mi conciencia.
—Quiero que me folles más duro cabrón —le grito como una loca, mirándolo a los ojos. Se incorpora y sin sacarla de mi coño me tumba boca abajo, levanta mis caderas y sigue fallándome con movimientos rítmicos. Grito de placer, le insulto. —Hazme tu puta, cabrón... —le digo perdiendo la compostura. Eso le excita. Sus embestidas son potentes, rítmicas y profundas. Siento sus huevos golpear mi clitoris con cada empuje, y yo al unísono meto mi mano y masturbo mi clitoris. Agarra mi pelo, tira de él suavemente, arqueando mi espalda. Mi coño lo aprieta, succionándolo, empapándolo. Otro orgasmo me atraviesa, más largo y potente, me deja temblando.
Alex me da la vuelta otra vez, coloca mis piernas sobre sus hombros y vuelve a insertar su polla en mi vagina. En esta posición lo mete aún más adentro. Me mira mientras me folla, observando cómo mis pechos se mueven, mi areola se a oscurecido mas, ve cómo mi cara se contrae de éxtasis. Le excita. Acelera el ritmo, su respiración se vuelve jadeos roncos. —Me voy a correr, Patri —dice gritando mi nombre. —Dentro —hazlo dentro, Alex. Quiero sentir tu leche como me moja.
Con un gruñido final se derrama dentro de mí, chorros calientes que llenan mi coño. Siento cada pulsación, cada latido. Eso me lleva al límite otra vez y me corro con él, contrayéndome alrededor de su polla, ordeñándolo hasta la última gota.
Quedamos abrazados, sudados, respirando agitados. Beso su cuello, saboreando el salado de su piel. Sé que mañana volveré con mi pareja, le contaré cada detalle y follaremos como animales recordando esto. Porque mi relación es mi base, pero estos encuentros me recuerdan lo viva que estoy, lo húmeda, lo deseada.
Me levanto despacio, sintiendo su semen correr por mis muslos. Me visto con una sonrisa perezosa. Alex me mira desde la cama, saciado y admirado. —Te llamaré, la próxima quiero que el disfrute viéndome —le digo guiñándole el ojo, y salgo sabiendo que mi cuerpo aún vibra con el eco de su placer.
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